EL VIAJE DE TRUMP A CHINA: del campo de batalla arancelario a la mesa de negociación

Después de más de un año de pelea arancelaria que llegó a niveles absurdos —Estados Unidos cobrando hasta 145% a productos chinos y Beijing respondiendo con 125% a los americanos— Donald Trump aterrizó esta semana en Beijing acompañado de unos 15 CEOs de las empresas más grandes del país, en la primera visita de un presidente estadounidense a China en casi una década. La foto es elocuente: Elon Musk (Tesla), Tim Cook (Apple), David Solomon (Goldman Sachs), Kelly Ortberg (Boeing) y Jensen Huang (Nvidia), entre otros, caminando detrás del presidente como una especie de delegación comercial gigante. El objetivo de Trump es claro: pedirle a Xi Jinping que "abra" China a las empresas norteamericanas, extender la tregua arancelaria firmada el año pasado en Corea del Sur y asegurar acceso a las tierras raras chinas, materiales claves para chips, autos eléctricos y armamento.

Para el mercado norteamericano la lectura es bastante positiva. La sola presencia de los CEOs ya implica que se esperan anuncios concretos: compras chinas de aviones Boeing, soja, carne, y posiblemente avances para Tesla y Apple, que dependen fuertemente de la producción china (el 80% de los iPhones que se venden en EE.UU. se fabrican allá). Cualquier desescalada arancelaria sería un alivio para márgenes corporativos que vienen golpeados desde el "liberation day" de abril 2025, y a la vez le saca presión a la inflación norteamericana, lo cual juega a favor de un escenario más blando para la Fed. El mercado venía descontando algo de esto, pero un acuerdo firme podría destrabar valor adicional en industriales, semis y consumo discrecional, los sectores más expuestos a la disputa.

El caso Nvidia merece párrafo aparte porque es el más interesante del lote. Huang ni siquiera estaba originalmente en la lista —Trump lo llamó después de ver la cobertura mediática y lo subió al Air Force One en Alaska. La razón de fondo: la participación de Nvidia en el mercado chino cayó del 95% a prácticamente cero tras las restricciones de exportación, y aunque Washington aprobó el chip H200 para China a fin de 2025, todavía no se vendió ni una sola unidad porque Beijing frenó la importación en aduana. Si de esta cumbre sale algún tipo de deshielo —aunque sea acelerar las licencias del H200 o aclarar el camino para el futuro chip B30— sería un catalizador fuerte para la acción, considerando que China supo representar más del 20% del revenue de su división data center. No esperaría un cambio estructural en los controles de exportación (es una línea roja de seguridad nacional), pero cualquier señal de flexibilización es upside puro para NVDA en un momento donde la acción ya está cara y necesita justificar múltiplos.

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