Anoche, después del cierre del mercado americano, Intel publicó los resultados del segundo trimestre y los números fueron tan buenos que el mercado tardó unos segundos en procesarlos. Intel reportó ingresos de USD 16.130 millones, un 25% más que el año anterior — el crecimiento más rápido en quince años — y una ganancia por acción de USD 0,42, casi el doble de los USD 0,22 que esperaba el mercado. La reacción fue inmediata: la acción subió entre 12% y 13% en el after hours antes de moderar parte de la suba. Para dimensionar lo que significa este número: hace un año Intel perdía plata. Hoy duplicó las expectativas de ganancias de un trimestre al otro.El motor de todo fue la inteligencia artificial. El segmento de centros de datos e IA creció 59% interanual hasta los USD 6.260 millones, y los negocios vinculados a IA en conjunto crecieron más del 70% y representaron el 70% de los ingresos totales de la empresa. En criollo: siete de cada diez dólares que ganó Intel este trimestre vinieron de negocios relacionados con IA. Eso no es una empresa que está subiendo la ola de la inteligencia artificial — es una empresa que ya es parte de la ola. La fábrica de chips 18A — el proceso más avanzado de Intel — alcanzó rendimientos del 85% y ya tiene diez acuerdos de largo plazo firmados con clientes de centros de datos, algunos con precios garantizados y otros con volúmenes comprometidos. Además confirmó que la demanda supera la oferta — es decir, los clientes quieren más chips de los que Intel puede fabricar hoy. Ese es el mejor problema que puede tener una empresa.
Lo que el mercado también miró con atención fue la guía hacia adelante. Intel proyectó ingresos del tercer trimestre de entre USD 15.800 y 16.800 millones — por encima de lo que esperaban los analistas — y subió su plan de inversión en infraestructura para todo 2026 a más de USD 20.000 millones, con un aumento adicional proyectado para 2027. Ese nivel de gasto asusta a primera vista, pero hay que leerlo como lo que es: una empresa que tiene clientes haciendo fila para comprarle chips y que está invirtiendo para poder atenderlos. Cuando la demanda supera a la oferta, gastar más es exactamente la decisión correcta.
¿Qué nos dice esto para nuestra cartera? Que el ciclo de inversión en infraestructura de IA tiene más pistas de largo que de corto. Intel, que hace dos años el mercado daba por muerta, hoy crece al ritmo más rápido en quince años. Google gasta USD 200.000 millones en infraestructura. Tesla reinvierte todo en robots y chips. El patrón es el mismo en todos lados: las empresas grandes están apostando fuerte a que la IA va a redefinir sus negocios, y los números les están dando la razón. La semana que viene llega Meta el miércoles 29 — el próximo test de si esta temporada de balances sigue entregando.