El jueves el INDEC publica el IPC de abril y el mercado llega con dos referencias claras. Por un lado, el dato de CABA que se conoció ayer lunes mostró una desaceleración a 2,5% mensual (vs 3% en marzo), con un acumulado de 11,6% en el primer cuatrimestre y 32,4% interanual. La núcleo porteña fue 2,3%, aunque los regulados treparon a 3,3% empujados por combustibles y prepagas. Por otro lado, el REM del BCRA proyecta un 2,6% para el dato nacional (2,7% según el Top 10 de consultoras con mejor track record), lo que de confirmarse sería la primera desaceleración del IPC nacional en casi un año, después del 3,4% que mostró marzo.
El sendero de desinflación que proyecta el mercado es más lento que el que muestra el gobierno: el REM ve 2,3% en mayo, 2,1% en junio, 2,0% en julio y recién perforaría el 2% en agosto (1,8%). Para todo 2026 el consenso ya se ubica en 30,5%, bastante por encima del objetivo oficial. Esto importa porque el plan económico se apoya en dos anclas, la fiscal (superávit primario) y la cambiaria (deslizamiento lento del dólar, proyectado en $1.410 para mayo y $1.676 a diciembre), y cada dato de IPC valida o cuestiona qué tan firme está esa convergencia.
Para las letras de tasa fija (LECAPs y BONCAPs como T30A7 y T31Y7) el dato del jueves es bisagra: si el IPC sale por debajo del 2,6% esperado, el mercado va a leer que la desinflación se acelera, las tasas reales esperadas suben y las curvas comprimen TIR, beneficiando los precios de los bonos en cartera. Si sale por encima (más cerca del 3%), pasa lo opuesto: el mercado va a exigir más rendimiento para compensar la inflación que no cede, las TIR se expanden y las letras de tasa fija pierden valor, mientras que los CER (TZX26, BONCERs) ganan atractivo relativo. El número de CABA y la núcleo del REM apuntan a un dato dentro del rango esperado, pero el detalle por rubros —sobre todo regulados y servicios— va a marcar si la tendencia es genuina o si hay arrastre de combustibles y transporte que después se diluye.