¿Qué está pasando hoy?
Hace pocos meses, la conversación en Wall Street era sobre cuándo la Fed iba a bajar las tasas. Hoy esa conversación cambió de signo: el mercado le empezó a poner precio a la posibilidad de que las suba. Según el FedWatch de CME, para la reunión del 9 de diciembre hay un 32% de probabilidades de un incremento de 0,25 puntos en la tasa de referencia. Hace seis meses, esa cifra hubiera sonado descabellada. La reacción ya se siente en los números: el rendimiento de los Treasuries a 10 años opera en torno al 4,54%, el dólar se encamina a registrar su mayor ganancia semanal en más de dos meses, y el oro baja y se perfila para cerrar la semana con pérdidas cercanas al 3%. Este es el escenario con el que Kevin Warsh, el flamante presidente de la Fed, arranca su gestión.
¿Por qué importa esto?
Pensalo así: la tasa de interés es el precio de la plata. Cuando ese precio sube, todo lo que depende de pedir prestado se encarece — desde una hipoteca hasta el financiamiento de una empresa — y eso enfría la economía a propósito, para frenar la inflación. Pero el efecto no se queda ahí. Una tasa más alta hace que los bonos en dólares paguen más, lo que les quita atractivo relativo a las acciones y a los activos de riesgo en general. Y como el dólar se vuelve más rentable simplemente por quedarse quieto en una cuenta o un bono del Tesoro, el capital global tiende a moverse hacia esos activos y a alejarse de mercados emergentes, materias primas y monedas más volátiles. El alza del 50% en los precios de la gasolina por la guerra con Irán ha impulsado la inflación, que alcanzó 3,8% en abril, y eso es justamente lo que está empujando a la Fed hacia el lado restrictivo en lugar del expansivo que pedía Trump.
¿Y qué pasa con los mercados emergentes, como Argentina?
Acá es donde el tema deja de ser una curiosidad de Wall Street y se vuelve relevante para nuestra región. Si Warsh mantiene tasas altas o incluso las eleva para contener la inflación, el impacto regional podría sentirse rápidamente a través de un dólar más fuerte, mayor presión sobre monedas emergentes, encarecimiento del financiamiento y salida de capitales hacia activos estadounidenses. Para un país como Argentina, que recién está reconectándose con el financiamiento internacional, una Fed dura es viento de frente: encarece tomar deuda afuera y le pone un techo más alto al apetito de los inversores globales por activos de riesgo emergente, justo cuando el país necesita ese apetito.
¿Y ahora qué?
Todo converge en una fecha: el 16 y 17 de junio, cuando Warsh preside su primera reunión de política monetaria. Warsh hereda un comité dividido — en la última reunión la votación fue 8 a 4, la mayor disidencia desde 1992 — por lo que incluso si quisiera ser más flexible, le costaría conseguir los votos. Lo que el mercado va a mirar con lupa no es solo la decisión sobre la tasa, sino el tono: si Warsh confirma que prioriza domar la inflación por sobre ceder a la presión política, el dólar y los rendimientos largos probablemente sigan firmes. Si en cambio empieza a mostrar guiños hacia la flexibilización que pide la Casa Blanca, ahí sí podríamos ver un respiro en activos de riesgo y emergentes. Hasta entonces, lo más prudente es asumir que el "dinero caro" no se va a ir rápido, y posicionar las carteras pensando en ese escenario antes que en el que todos esperaban hace seis meses.
1 comentario
A esperar un poco y ver con buenos ojos los bonos.