La Reserva Federal de Estados Unidos —el banco central más poderoso del mundo— está a punto de cambiar de mando. Jerome Powell, quien condujo la política monetaria durante los últimos años, dejará su cargo el 15 de mayo. Su reemplazante nominado por Trump es Kevin Warsh, un ex gobernador de la Fed que estuvo en el centro de las decisiones durante la crisis de 2008 y que hoy es una de las voces más respetadas en política monetaria. La confirmación todavía transita el Senado, pero los mercados ya están leyendo entre líneas lo que viene.
Warsh tiene una visión clara y distinta a la de Powell en tres puntos clave. Primero, quiere que la Fed hable menos y actúe más: nada de anunciar por anticipado qué va a hacer con las tasas, lo que genera más incertidumbre pero también más independencia. Segundo, quiere alejarse de la "impresora de dinero" —el mecanismo por el cual la Fed compraba bonos del gobierno para inyectar liquidez— y volver a las tasas de interés como herramienta principal. Tercero, quiere sacar a la Fed de debates que considera ajenos a su mandato, como el cambio climático o la desigualdad, y concentrarla en lo que sabe hacer: controlar la inflación y cuidar el empleo.
Estas tres ideas tienen consecuencias concretas para los mercados. Sin la Fed comprando bonos del Tesoro, las tasas largas tienden a subir aunque las cortas bajen —lo que se llama una "curva empinada". Eso beneficia directamente a los bancos (que ganan más por la diferencia entre lo que pagan en depósitos y lo que cobran en créditos), pero perjudica a los REITs, a las utilities y a las empresas tecnológicas que valen mucho en base a ganancias futuras. Goldman Sachs y Morgan Stanley aparecen como los grandes ganadores del nuevo régimen; Bank of America, que compró masivamente bonos a tasas bajísimas en 2020-2021, es el más expuesto si las tasas largas vuelven a subir.
Para el inversor argentino, el radar tiene que estar puesto en dos cosas. Por un lado, si Warsh recorta las tasas cortas, el dólar tiende a debilitarse, lo que históricamente es favorable para los emergentes en el corto plazo. Por otro lado, si las tasas largas suben por la ausencia de la Fed como compradora de bonos, el financiamiento global se encarece —y eso le pega al riesgo soberano de países como el nuestro. El escenario no es blanco ni negro, pero sí es un momento para revisar la composición de la cartera: más valor y finanzas, menos duration y menos tecnología de alto múltiplo.