Ayer el Congreso aprobó la tan debatida reforma laboral y el mercado no tardó en reaccionar. La rueda fue contundente: el Merval subió un +4%, con un liderazgo muy claro del sector bancario. Los bancos volvieron a ser protagonistas, mostrando que cuando el escenario político se ordena, el capital rápidamente busca activos con beta alta y fuerte sensibilidad al ciclo local.
La lectura del mercado es bastante directa: menor incertidumbre política, mayor previsibilidad institucional. Y en Argentina, eso muchas veces alcanza para destrabar flujos. No fue una suba aislada ni técnica, fue una reacción con volumen y convicción.
Ahora bien, más allá del catalizador político, lo interesante es que no hay datos económicos locales negativos que estén jugando en contra. Al contrario. Enero mostró una balanza comercial positiva, señal de orden externo, y el Banco Central continúa comprando reservas, fortaleciendo su posición. Estos dos puntos no son menores: superávit externo + acumulación de reservas es una combinación que el mercado valora muchísimo.
Por eso, no parece descabellado pensar que esta dinámica pueda continuar. Si marzo encuentra al mercado con mayor claridad política, estabilidad cambiaria y fundamentos externos sólidos, Argentina podría volver a posicionarse como un trade atractivo dentro del universo emergente.
La pregunta es: ¿Estamos ante el inicio de un nuevo tramo alcista para los activos argentinos o simplemente frente a un rebote técnico tras disiparse la incertidumbre política?