Ayer fue, sin dudas, la jornada más importante del año para los activos argentinos. Y el detonante fue uno solo: S&P Global elevó la calificación crediticia soberana de Argentina de CCC+ a B-, el nivel más alto desde la crisis de 2018 y el segundo upgrade de una agencia major en menos de dos meses, después del que había realizado Fitch en mayo. El mercado lo festejó con una magnitud que no se veía en meses. El riesgo país se derrumbó 60 puntos hasta los 443 puntos básicos — su nivel más bajo desde mayo de 2018, hace más de ocho años. El S&P Merval subió 6,34% hasta los 3.353.007 puntos en pesos y 7,4% medido en dólares hasta los 2.245 puntos, un récord histórico absoluto. Los bancos lideraron con subas extraordinarias: BBAR +12,26%, Supervielle +10,95%, Banco Macro +10,71% y Galicia +10,49%. Los ADRs en Wall Street llegaron a subir hasta un 14,3%.
¿Qué significa un upgrade de S&P en la práctica? No es solo un número. Con Argentina ahora calificada B- por dos de las tres agencias más importantes del mundo, una nueva categoría de fondos institucionales — que por mandato solo pueden invertir en países con al menos esa nota — puede comenzar a incorporar bonos y acciones argentinas en sus carteras. Eso no es flujo especulativo de corto plazo: es dinero estructural que entra y se queda. El equipo de Research de Balanz lo explicó con precisión: "esta mejora debería ayudar a comprimir el riesgo país por los flujos de fondos institucionales que ahora podrán invertir en bonos argentinos". Solo resta Moody's para completar el consenso de las tres grandes agencias — y si lo hace, el efecto se amplificaría todavía más.
El timing no podía ser mejor. El upgrade llegó el mismo día que el IPC de mayo confirmó una inflación de 2,1%, la más baja en casi un año. En una sola jornada, Argentina entregó los dos catalizadores que el mercado venía esperando: desinflación confirmada y mejora crediticia. El volumen operado fue el más alto de las últimas diez semanas, lo que confirma que la suba no fue técnica sino impulsada por compras reales con convicción.
El contexto externo, por su parte, sigue siendo el factor de ruido. El FOMC de Warsh arranca mañana lunes y termina el martes 17. Con inflación americana en 4,2% y empleo fuerte, el mercado descuenta que la Fed va a mantener tasas o incluso subirlas. Eso es presión para los emergentes en general. Pero Argentina ayer demostró que tiene catalizadores propios suficientemente fuertes para operar con su propia lógica, al menos por ahora.
IPC de 2,1% y upgrade de S&P el mismo día. El mercado no espera estas coincidencias — las festeja. Y ayer las festejó como hacía años que no lo hacía.